La loca historia del peluquero beatle


Fanático de los Cuatro de Liverpool y de cortar el pelo, su pasión casi lo deja sin trabajo y sin matrimonio, hasta que la BBC le hizo una nota y saltó a la fama. Hoy, su peluquería sigue siendo un reducto de rockeros y curiosos. 
Fanático de los Cuatro de Liverpool y de cortar el pelo, su pasión casi lo deja sin trabajo y sin matrimonio, hasta que la BBC le hizo una nota y saltó a la fama. Hoy, su peluquería sigue siendo un reducto de rockeros y curiosos.

Por Alejandro Margulis 
Cuando Gerardo Weiss tenía 20 años, los Beatles ya habían dado la vuelta al mundo y él solo ambicionaba un trabajo que le permitiese conocer chicas. Se metió a peluquero. "Estuve con Giordano hasta el año 88, que le hice un raro peinado nuevo a una modelo y Roberto me dijo: «Eso en tu casa o en otro lado». Me fui a los dos días". En el mínimo espacio que había sido la cocina de su abuela en el bajo Flores ("el Under Flower", prefiere él), Weiss encontró un refugio para montar su propio negocio. Y le empezó a ir muy bien. En pocos años se ganó una clientela considerable, se casó y, en 2003, tuvo un hijo, al que para sorpresa estridente de los burócratas del Registro Civil le puso de nombre Lennon. "El único que se llama así en Argentina, que yo sepa", dice. 
Una noche de 2004 tuvo el sueño que cambiaría su vida. "Soñé que me despertaba tarde y que cuando iba a la puerta estaban los Beatles en hilera esperando a que abriera, John primero. Bajé a trabajar como creyéndome el sueño, como un sonámbulo. Cuando vi que no era real saqué lo que había en las paredes y empecé a empapelar todo con los posters, las notas de revistas, las tapas de los discos que tenía.". Su mujer, Graciela, no lo podía creer, y sus clientes de siempre, menos. 
La Pelu Beatle
Lo que era un negocio exitoso empezó a ir para atrás. "No entendieron el concepto de una peluquería temática. Y dejaron de venir", recuerda. Graciela me decía que me fuera a emplear a otra peluquería. El nene me decía: «Esto es un asco, papá. Los Beatles son una antigüedad»". Inmune a las objeciones, Weiss mandó a diseñar las butacas con imágenes de la banda plastificadas, imprimió los retratos de cada uno en las cuatro aspas del viejo ventilador de techo, y hasta las batas y las cortinas las hizo estampar con la iconografía de su peculiar "arqueología beatle", como la llama. 
La colección privada de discos y DVD -que nunca contó "por cábala"-, las grabaciones inéditas -como una de John Lennon cantando "La cumparsita" o tomas originales descartadas-, muñecos de todo tamaño y color, libros y afiches empezaron a ocupar el espacio sobre las gavetas entre peines y cepillos, tijeras, navajas y afeitadoras. La beatlemanía a deshora se llevó puestos matrimonio y coche, viajes y tarjetas de crédito. Se divorciaron, durante un año, aunque compartían la misma casa. "No teníamos para comer, me salió una úlcera. Después vimos que nos seguíamos queriendo y nos arreglamos", dice. 
Lado B
Entrar hoy a su negocio es mejor que visitar un museo especializado. En el frente, junto a la puerta del negocio (Pelu Beatle pelu-art) en el pasaje Eustaquio Cambieses 1848, su dueño se autodefine como estilista del rock. Agradece que en el año 2011 un artículo del diario Clarín hizo que la suerte volviese a girar para el lado correcto en el disco de sus sueños. La peluquería se convirtió en un lugar de encuentro para rockeros argentinos. 
La BBC de Londres retomó la posta de la nota primera y de ahí explotó por todo el mundo. Hasta de Japón vinieron a incluir la peluquería entre las maravillas de Buenos Aires, y así la Legislatura porteña la declaró de interés cultural. 


 
Barry Hayden, el barbero de Penny Lane, se enteró de su existencia por las redes sociales y en 2012 lo invitó a conocer Liverpool para la semana Beatle (del 23 de agosto al 3 de septiembre). Le regaló fotos originales y tantas otras cosas que Weiss tuvo que pagar sobrepeso al volver. Nada grave a cambio de poder mostrar hoy el Lennon en 3D, o el diorama de los cuatro músicos que exhibe debajo de la pantalla de televisión donde a toda hora se están pasando sus videos preferidos. O los que pida cada cliente mientras espera a que adornen su cabeza con cualquiera de los cortes que tuvieron los músicos durante los siete años que perduró la banda o, por supuesto, con cualquier corte rockero. Vestido como un figurín de espíritu salvaje, Weiss se jacta de ser amigo de todos y de haber resuelto los aspectos de la mayoría, empezando por Luis Alberto Spinetta, el único músico argentino, a su criterio, a la altura de los Beatles. "En el recital de Ringo Starr de noviembre de 2013 lo conocí a Charly. «Vos no sos peluquero. Sos un farsante. Estás todo el día dando notas», me dijo. Pensé que me pegaba, pero no. «Quiero ir a tu peluquería», dijo. Nunca vino. Si los números le cierran este año va a decorar los cerámicos del piso de la peluquería con el mosaico de las imágenes de la tapa de A Hard Day's Night. Pero su verdadero sueño es cortarle el pelo a Paul McCartney. Y si no es a él, al menos a Brian Ray, su violero. Mientras tanto, redondea los honores con recitales tributo que convoca para quienes quieran ir a tocar como los Beatles, con o sin sus cortes de pelo, en la mismísima vereda. 

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